9 de agosto de 2016

Reflexiones bonaerenses: PokemonGo e Instagram Stories

Mis queridos, perdón por mi ausencia pero sabrán entender que quien les habla también tiene distracciones que la sacan del eje del Marketing: mudanza, viajes, familia... en fin, una nueva etapa y aventura que trajo consigo habitar el conurbano y duplicar los tiempos de viaje hacia mi trabajo. Aunque mi amigo Juan me diga que no me va a venir a visitar porque se le venció el pasaporte, yo estoy feliz con el cambio pero por supuesto, muy rota. Asentada la excusa correspondiente, hablemos de lo importante, ¿qué pasó en estos días de atraso? 



Primero hablemos de lo que hablan todos, el fucking PokemonGo. En lo personal me parece una interesante innovación. La realidad aumentada en manos y boca de todos. No les voy a enseñar como jugar porque ya publicaron un millón de notas en este sentido. Si decirles que detrás de estos personajes inocentes hay una empresa recaudando millones no sólo en dinero sino en datos. Si lo jugaron saben que el PokemonGo necesita tener activado el gps y registra entonces todos los lugares donde nos movemos habitualmente. Ojo con lo que estamos dispuestos a entregar a cambio de entretenernos. También el juego propicia el arrebato de los dispositivos y se han registrado muchos accidentes por la distracción de los usuarios. Juguemos con responsabilidad, si?

Tema 2: Instagram Stories. Un feed secundario al habitual, en el que los usuarios pueden compartir fotos o videos cortos (de 10 segundos máximo), con filtros, dibujos, texto y emoticones. Se va generando una historia que permanece online por 24 horas. Los usuarios pueden descargar cualquier foto o video a su celular, o elegir postear alguno de ellos a su feed principal. La crítica de todos claramente fue la misma, copia mala de Snapchat.

En su anuncio oficial, la empresa declaró: “Instagram siempre fue un lugar donde compartir las cosas especiales que quieres recordar. Ahora puedes compartir también los momentos más destacados de tu día a día y todo lo demás.” Desde su nefasto logo con forma de lavarropas en adelante, deja de lado su legendario posicionamiento de nicho, como la única aplicación de fotografía, y sigue modificándose en pos de atrapar a los millenials cual pokemones.


¿Mi opinión? Me cerré mi cuenta de Facebook porque ya me tenía podrida y finalmente la que era mi red social preferida se convierte en un híbrido entre este último y Snapchat. Sin mencionar que me sugiere a mi ex novio como contacto... claramente mucho no me conoce.

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